Cuando se decide innovar organizacionalmente surgen muchas inquietudes, pues es normal que el ser humano por instinto tema al cambio y es entonces cuando se debe confiar y destinar los recursos necesarios para permitir que la innovación permee a la organización evitando a toda costa la pérdida de competitividad frente a la industria, siendo constante en la búsqueda de metas colectivas y avanzando en la gestión empresarial. Se menciona el concepto de organización ambidiestra “como aquella que es capaz de hacer compatible el día a día con la actividad innovadora”.
Existe actualmente una preocupación que se hace mas latente con el paso del tiempo, pues la innovación se esta convirtiendo en un afán casi a la par que el productivo, donde la capacidad de transformar radica en crear, investigar y diferenciarse de la competencia, donde no hay espacio para sistemas burocráticos o estrictamente jerárquicos que dificulten la participación activa de los operarios y el flujo idóneo de información, abriendo espacio a sistemas más incluyentes y estables que aseguran una comodidad en la relación empleado-empresa.
El direccionamiento que se le dé a la gestión de los proyectos y procesos serán precisos para la claridad en todos los stakeholders, quienes están en función o a la espera de acciones que genere la compañía; coordinar adecuadamente el diseño, la producción, el servicio, la comercialización, la participación en el punto de venta entre otros muchos factores dependerá que la organización alcance los estados de innovación que espera. La capacidad de reacción y decisión que cuente la empresa le darán la oportunidad de ir más allá y de estar por encima de muchos para quienes la innovación era un factor “sin importancia” y que por su ignorancia deberán dejar de contribuir al avance tanto corporativo como social, en un camino que solo tendrá como único destino el fracaso.
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